Desde siempre, la humanidad ha sentido una atracción irresistible por el mundo de lo oculto, lo macabro y lo desconocido. Las brujas, los fantasmas, los zombis, los vampiros y otras criaturas de la noche nos aterran y fascinan por igual. ¿Quién no ha sentido alguna vez un escalofrío de terror al escuchar a lo lejos el siniestro ulular de un búho en una oscura noche de luna llena?
Bienvenidos a otro encuentro a medianoche, y bienvenidos a octubre, el mes que nos lleva de nuevo a los días más oscuros y misteriosos del año. El mes en que las sombras se alargan y la barrera entre el mundo de los vivos y de los muertos parece volverse más fina. Buen momento para embarcarnos en un viaje en el tiempo e investigar los orígenes y significados de las criaturas de la noche que dan forma a nuestras pesadillas más profundas. ¡Acompáñame en este primer encuentro a medianoche del mes de octubre para conocer de cerca a los entes más icónicos de la oscuridad!
El origen del mito del fantasma
Para comenzar este viaje, vamos a adentrarnos en uno de los mitos más universales y antiguos que existen: el del fantasma.
Fantasmas, espíritus, apariciones, espectros, almas en pena… hay muchas maneras de nombrar el mismo concepto, el alma inmaterial de un difunto que sigue errante en el mundo de los vivos.
En sus formas clásicas arrastran cadenas vagando por los pasillos oscuros de un castillo maldito o entre las lápidas de un antiguo cementerio. Otros se aparecen en los lugares que frecuentaban en vida o el lugar en que murieron. A veces su presencia se manifiesta sutilmente, en forma de objetos desplazados o sonidos siniestros. La amenaza del fantasma que acecha entre las sombras no tiene más límites que los de la imaginación.

Desde tiempos inmemoriales, el miedo ancestral a la muerte y los misterios que se esconden tras ella ha llevado al ser humano a especular con la posibilidad de que los muertos regresen al mundo de los vivos, ya sea de forma física o inmaterial.
La creencia en fantasmas y espíritus de los muertos es universal, y podemos encontrarla en casi todas las culturas del mundo. Las apariciones de entidades sobrenaturales son eventos recurrentes en la mitología, la religión, las leyendas y el folclore.
En las civilizaciones antiguas se creía que el alma continuaba su existencia después de la muerte, y que los espíritus podían regresar al plano de los vivos por diversas razones, como enviar un mensaje, terminar un asunto pendiente o buscar venganza. Durante la Edad Media y siglos posteriores las apariciones fantasmales estaban estrechamente relacionadas con la religión cristiana, ya que se pensaba que los espíritus eran almas en pena que por algún motivo no habían encontrado el descanso eterno. El pensamiento de la Ilustración en el siglo XVIII trató de combatir la ignorancia y la superstición por medio del conocimiento científico, pero no consiguió acabar con la creencia en espíritus y almas del más allá, que perdura hasta hoy en día. Sin entrar a cuestionar si las apariciones espectrales son reales o no, probablemente esta creencia nunca desaparezca del todo. Los fantasmas tienen un profundo simbolismo. Representan el pasado, los remordimientos y las consecuencias de nuestras acciones. Son un recordatorio de nuestra naturaleza mortal y del misterio de lo que nos espera más allá de la muerte.
El terror ancestral a los «muertos vivientes»
¿Pero qué pasa si la parte del difunto que regresa al mundo de los vivos no es su espíritu sino su cuerpo material?
El miedo a que los muertos se levanten físicamente de sus tumbas ha perseguido al ser humano desde tiempos inmemoriales.
En muchas culturas antiguas existían rituales y prácticas funerarias destinadas a evitar que los muertos se escapasen de sus tumbas, como poner piedras sobre los cadáveres, desmembrarlos, realizar cremaciones en lugar de enterramientos o incluso fijarlos con clavos dentro del sepulcro. También en numerosas leyendas y mitos del folclore popular se refleja ese terror por la idea de que los cadáveres de los difuntos vuelvan a la vida.
Las figuras de los zombis y los vampiros se sitúan dentro de este contexto y en cierta manera comparten las mismas raíces. Tanto uno como otro tienen que ver con el pánico a que los cuerpos de los difuntos regresen a la vida. Hoy en día estos dos mitos han evolucionado de forma diferente, pero los vampiros originarios de las leyendas balcánicas eran una especie de “muertos vivientes” parecidos a los zombis, con la particularidad de que se alimentaban de sangre humana.

El origen del mito del vampiro
La figura de la criatura sobrenatural que se alimenta de sangre humana tiene raíces muy antiguas y aparece en numerosas culturas. Entre todas ellas, la lamia de la mitología griega se destaca como uno de los primeros monstruos vampíricos. La lamia también es una precursora del arquetipo de la mujer fatal y guarda ciertas similitudes con la figura de Lilith de la tradición judeo-cristiana.
Pero sobre todo tenemos que desplazarnos a los tenebrosos y sombríos territorios de Europa del Este para encontrar los antecedentes más próximos al mito del vampiro moderno. En las diferentes tradiciones de esta región existen numerosas leyendas sobre criaturas no-muertas que se alimentaban de la sangre de los vivos.
Entre ellas, los strigoi en Rumanía dieron forma a las primeras leyendas sobre vampiros. Los strigoi son espíritus de los muertos que regresan de la tumba para atormentar y chupar la sangre de los vivos, causando enfermedad y muerte. Se creía que podían transformarse en animales, volverse invisibles y drenar la vitalidad de sus víctimas.
Otros seres míticos precursores de los vampiros fueron los Nosferatu. Se cree que están asociados con la mitología eslava, aunque el origen del término y el concepto son inciertos. Al igual que los strigoi, los Nosferatu eran criaturas nocturnas que se alimentaban de la sangre de sus víctimas. La figura de “Nosferatu” con su aspecto clásico de orejas puntiagudas y dientes afilados, se hizo muy popular en Europa a partir de la película de terror alemana de 1922 “Nosferatu, una sinfonía del horror”, inspirada en la historia del Drácula de Bram Stoker.
Otra criatura legendaria que se alimentaba de sangre era el Blautsauger en la región de Baviera en Alemania. Su nombre significa “chupasangres” y se trata de un ser de aspecto pálido y desaliñado que succiona la sangre de sus víctimas.
Todas estas criaturas de las tradiciones del Este de Europa les chupaban la sangre a los vivos solo para alimentarse, pero no para convertirlos en otros vampiros. Esta característica la introduce Bram Stoker en 1897 en su novela Drácula, junto con el clásico aspecto aristocrático y un poco lánguido que han heredado los vampiros actuales.
Y lo más importante: a partir de la novela de Stoker, el mítico vampiro deja de ser una especie de muerto viviente para pasar a convertirse en un ser inmortal tras haber sido mordido por otro vampiro. Desde el momento en que se trasforma en vampiro ya no envejece ni muere, por lo que no está muerto, pero tampoco está exactamente vivo. Esta dualidad es precisamente lo que hace al vampiro tan fascinante y terrorífico a la vez.
Bram Stoker utilizó el término undead en inglés, que se traduce como «no-muerto», para referirse a esta condición de los vampiros. Anteriormente la palabra “undead” en inglés solo existía para referirse a las personas que literalmente estaban vivas porque todavía no habían fallecido. Con la literatura gótica de finales del siglo diecinueve y principios del veinte se popularizó el término «no-muerto» para referirse a toda clase de entes sobrenaturales que ya no están vivos pero tampoco muertos, pudiendo referirse a vampiros, fantasmas, almas en pena y otros seres similares.

El mito moderno del «apocalipsis» zombi
El zombi también es un tipo de no-muerto que resulta de la fusión de la tradición vudú de Haití con antiguas leyendas europeas de muertos vivientes.
Mientras que en Europa del Este los precursores de los vampiros se alimentaban de sangre, las mitologías de Europa occidental narran historias de cadáveres en descomposición que han resucitado, más similares a los zombis actuales, como los drauger de la mitología nórdica o los revenants de la Europa medieval. Sin embargo la palabra zombi tiene sus raíces en la cultura haitiana y el vudú.
El vudú es una religión basada en las creencias tradicionales que llevaron consigo a Haití los esclavos procedentes de África occidental. Se cree que la etimología del término “zombi” podría tener que ver con la palabra “ndzumbi” que significa “cuerpo” en Gabón y “nzambi” que significa “espíritu de un muerto” en el Congo. En Martinica y Haití la palabra zombi puede referirse también a cualquier tipo de presencia sobrenatural, como sinónimo de fantasma.
Según la práctica del vudú, un brujo o “abokor” puede dejar a su víctima en un estado catatónico similar a la muerte a través de magia, hipnosis o una poción secreta, y luego revivirlos en forma de zombis, seres sin voluntad propia que pasarían a estar bajo su control. Los zombis en esta tradición no son necesariamente malvados, sino más bien seres trágicos, atrapados entre la vida y la muerte y utilizados como herramientas por aquellos que los controlan.
El concepto del zombi sin voluntad procedente de la tradición vudú empezó a ser conocido a nivel mundial a partir de 1915, cuando Estados Unidos ocupó Haiti. Entre los años 20 y los 40 del siglo pasado aparecieron varias películas sobre este tipo de zombi, enmarcadas en la tradición del vudú y el brujo que hipnotiza y controla a su víctima.
Pero los míticos apocalipsis zombis tal y como los conocemos actualmente se iniciaron con la película La noche de los muertos vivientes, del año 1968. Los muertos vivientes de esta película son cadáveres en descomposición que guardan similitud con los de las antiguas tradiciones europeas. A partir de aquí se crea el mito del zombi que se alimenta de carne humana y contagia su condición mediante la mordedura, y el término de muerto viviente ha pasado a ser sinónimo de zombi. Curiosamente a los muertos vivientes de esta película en ningún momento se les llama zombis, pero la cultura popular se encargó de fusionar conceptos y el resultado son los míticos zombis de hoy en día.

La momia en Egipto y el mito de la momia «vengadora»
Otra criatura no-muertos clásica que nos ha presentado el cine de terror es la figura de la «momia». Las momias tienen sus raíces en el antiguo Egipto y están intrínsecamente vinculadas a las creencias y prácticas funerarias de esta civilización. Originariamente la momificación era un proceso sagrado y ritualizado destinado a preservar el cuerpo para la eternidad, y las momias eran cadáveres embalsamados preparados para su viaje al más allá, sin ninguna connotación de maldad o peligro.
El mito de la momia como un muerto viviente que se levanta de su tumba envuelto en un sudario para perseguir a los vivos, es una creación occidental popularizada por la literatura y el cine de terror. Este mito se desarrolló especialmente en el siglo diecinueve y a principios del veinte en una época de gran fascinación por el antiguo Egipto.
Por lo tanto mientras las momias reales eran el producto de las prácticas y creencias religiosas del antiguo Egipto, su representación como un ser no-muerto peligroso es una construcción cultural más reciente.
Dentro de este contexto y desde una perspectiva simplificada, la cultura popular nos muestra a la momia como una especie de “zombi egipcio” con la particularidad de estar envuelta en vendas y asociada a un contexto cultural específico, ya que tanto el zombi como la momia representan cuerpos revividos que han regresado de la muerte.
Al igual que otros no-muertos, la figura de la momia en la cultura actual refleja los miedos universales relacionados con la vida después de la muerte. Pero la momia no adquirió su estatus «mítico» en la cultura occidental solo por eso, sino por ser el resultado de la profanación de las tumbas egipcias: muchos de los restos humanos descubiertos en ellas se encuentran actualmente repartidos por todo el mundo en museos y colecciones privadas. Recordemos que la cólera de la momia de las películas de terror se desata al extraerla de su lugar de descanso final. En esencia, la figura de la momia vengadora representa los peligros derivados de la violación de un espacio sagrado.

El mítico hombre-lobo a través de los siglos
El mítico hombre-lobo, también conocido como lobizón o licántropo ha aullado a la luna en las leyendas de numerosas culturas desde tiempos inmemoriales. Es uno de los mitos más antiguos y universales, simboliza la dualidad de nuestra naturaleza, la lucha entre la razón y el instinto, y nos recuerda que una parte de la identidad humana tiene ese componente animal, ancestral y salvaje.
Uno de los relatos más antiguos sobre hombres lobo proviene de la mitología griega. Según la Metamorfosis de Ovidio, el dios Zeus se disfrazó de mendigo para visitar los dominios del rey Licaón de Arcadia para comprobar si era cierto que Licaón mandaba matar a todos los extranjeros que solicitaban hospitalidad en su reino. El rey Licaón iba a ordenar matar al visitante, pero se enteró de que era Zeus disfrazado y decidió burlarse de él. Le invitó a un banquete y le sirvió carne de niño, despertando la furia del dios. Como castigo, Zeus transformó a Licaón en un lobo y condenó a toda su estirpe a ser también lobos.
Los hombres lobo de las leyendas de la antigüedad clásica no estaban bajo el influjo de la luna llena, como los de la cultura popular actual. Se quedaban permanentemente convertidos en lobos o podían pasar años bajo esta forma. Según Pausinias, si los hombres lobo evitan comer carne humana mientras están convertidos en lobo, volverán a su forma humana nueve años después de haberse transformado en lobos. Plinio el viejo también cita este periodo de tiempo cuando cuenta que en Arcadia una vez al año se escogía un hombre por sorteo, que debía atravesar una gran laguna para convertirse en lobo y vivir durante nueve años con una manada de lobos antes de volver a atravesar la laguna y recuperar su forma humana.
En la Europa medieval, un periodo en que los bosques estaban infestados de lobos, eran comunes los avistamientos de supuestos hombres lobo, y se le temía tanto al licántropo como al propio lobo real.
Según la creencia popular actual, el hombre-lobo sufre su metamorfosis en las noches de luna llena, pudiendo permanecer en este estado durante unas pocas horas, y además la única forma de abatirlo es dispararle una bala de plata, pero esto procede de la tradición moderna.
Antiguamente esto no era así. Aunque en el siglo XIII el cronista Gervasio de Tilbury asoció la licantropía con la luna llena, en la Edad Media existían muchas causas por las que una persona podía transformarse en hombre lobo. Por ejemplo, ser el séptimo hijo varón de una familia, haber dormido con una piel de lobo bajo la luna llena, ponerse un cinturón de piel de lobo o usar diversas pociones y conjuros mágicos.
Durante la Edad Media la Iglesia condenó y persiguió implacablemente las supersticiones y creencias tradicionales tachándolas de herejía. Siguiendo la filosofía de San Agustín de Hipona, solo Dios tiene el poder de realizar metamorfosis en el cuerpo humano. Por lo tanto, todos los supuestos hombres lobo fueron considerados instrumentos del maligno.
Hasta ya entrado el siglo diecisiete se emprendió una cacería de hombres lobo por toda Europa, no solo literalmente sino también a modo de la caza de brujas. Se realizaron los llamados juicios de hombres lobo, condenando a muerte a miles de personas acusadas de licantropía. Particularmente Francia fue un país con varios casos notorios de juicios de hombres lobo. En los últimos siglos han seguido existiendo episodios y avistamientos de hombres lobo prácticamente en todo el mundo pero de forma más puntual.
Hoy en día el mito del licántropo sigue muy presente sobre todo en la cultura popular, a través de películas y series, libros y videojuegos.

El origen del arquetipo de la bruja
La figura de la bruja como una mujer malvada que practica la magia negra, adora al diablo, vuela en una escoba y por lo general es fea y de edad avanzada, es una imagen creada entre los siglos dieciséis y diecisiete. En esta época se produjo en toda Europa el apogeo de la caza de las brujas y miles de personas, en su mayoría mujeres, fueron acusadas de brujería y ejecutadas.
Pero mucho antes de los tiempos de la Inquisición, ya existían mujeres que se conectaban con la naturaleza, el cosmos, el mundo de lo sagrado y lo sobrenatural.
El arquetipo de la mujer sabia que tiene conocimientos herbales y se desempeña como sanadora, curandera y partera tiene raíces muy antiguas y existe en casi todas las culturas.
Otra figura presente también en muchas culturas es el de la sacerdotisa, que tiene una connotación más espiritual como intermediaria entre los mortales y las divinidades.
Por otro lado un antecedente más antiguo de la bruja fue la hechicera, en parte un ser legendario relacionado con el mundo de las hadas, aunque también había mujeres reales que encarnaban este concepto.
Antiguamente las curanderas, hechiceras y sacerdotisas eran figuras respetadas y gozaban del reconocimiento público.
Sin embargo todo esto cambió a medida que las culturas, las religiones y los conocimientos medicinales iban evolucionando. A finales de la Edad Media la Iglesia se propuso firmemente acabar con toda práctica que supusiera paganismo o herejía. Entre otras muchas cosas, la Inquisición persiguió sin piedad a cualquier persona acusada de realizar prácticas satánicas.
Afortunadamente en la actualidad hay un resurgimiento y revalorización de las prácticas ancestrales, herbales y espirituales, y una vuelta al arquetipo de la antigua hechicera como símbolo de empoderamiento, conexión con la naturaleza y reivindicación de la sabiduría femenina.

Significado y simbología de los mitos del terror
¿Por qué seguimos sintiendo esa atracción irresistible hacia las historias de brujas, vampiros, fantasma y toda clase de seres sobrenaturales? ¿Qué nos revelan sobre nuestros propios miedos y anhelos?
La naturaleza de las leyendas sobre seres sobrenaturales está directamente conectada con las profundidades del alma humana, donde se esconden nuestros miedos más atávicos y nuestras inquietudes más trascendentales. Todas estas criaturas surgen del intento de explicar hechos inexplicables y de dar respuesta a las eternas preguntas sobre nuestra propia naturaleza.
Los zombis y los fantasmas representan los diferentes aspectos de la angustia ante la muerte: el zombi encarna el miedo a la corrupción y putrefacción del cuerpo, mientras que el fantasma simboliza la esperanza de la prolongación de la existencia más allá de la muerte.
El hombre-lobo nos habla de la dualidad humana y de la eterna lucha entre el instinto y la razón. la bruja también simboliza una dualidad y un conflicto interno pero en este caso entre el bien y el mal, y el miedo a las consecuencias sucumbir a las tentaciones oscuras de Satanás, alejándose del camino recto.
Las momias vengadoras representan las consecuencias de perturbar y profanar los espacios sagrados. El mito del vampiro conecta con una de las aspiraciones más antiguas y universales de la humanidad: el deseo de inmortalidad y la lucha contra la inevitabilidad de la muerte. Tras haber perdido su propia sangre al morir , los vampiros parasitan la sangre de los vivos como único medio de aferrarse a la vida.
Y así, mientras las sombras del otoño se alargan y el viento susurra antiguas leyendas, llegamos al final de nuestro encuentro de hoy. Gracias por acompañarme en este viaje al lado más ancestral del alma humana. Personalmente, mis criaturas de la noche favoritas son los vampiros, y las que más me inquietan son los fantasmas, pero cada uno tiene sus propios monstruos. Antes de despedirnos, me gustaría saber: ¿Cuál es el que a ti te da más terror? ¿Cuál te resulta más intrigante? ¿Hay alguno que se introduce particularmente en tus pesadillas?
Te espero en nuestro próximo encuentro a medianoche, con más leyendas oscuras que han dado forma a los mitos icónicos del terror.