El misterio de las calaveras de cristal que la ciencia no puede explicar

Belice, 1924. En el corazón de la densa selva tropical, entre las ruinas de una antigua ciudad maya, la joven aventurera Anna Mitchell-Hedges sostiene entre sus manos un objeto que desafía toda lógica. Es un cráneo, pero no de hueso, sino de cristal de cuarzo, tallado con una precisión imposible.

Este enigmático hallazgo desata una serie de preguntas sin respuesta: ¿Quién lo creó? ¿Con qué propósito? ¿Es una reliquia de una civilización perdida o la prueba de un conocimiento que trasciende nuestra comprensión?

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Los orígenes de la leyenda de las calaveras

Cuentan las leyendas que existen trece calaveras de cristal dispersas por el mundo, y que cuando se reúnan en el mismo lugar revelarán un secreto ancestral. Algunos creen que provienen de la Atlántida, que son artefactos mayas con poderes místicos o incluso que tienen origen extraterrestre…

Hoy en día, algunas de ellas están localizadas en diferentes museos o colecciones privadas. ¿Cuántas hay en total? ¿Quién las talló realmente? ¿Con qué propósito?

La historia comienza en Lubaantún, una antigua ciudad maya en el sur de Belice, donde apareció la primera de ellas. El explorador británico Frederick Albert Mitchell-Hedges se encontraba realizando una expedición por América Central, buscando la existencia de vestigios de tribus desconocidas en la jungla.

Según consta en su biografía, Mitchell-Hedges compartía las teorías sobre la Atlántida de Ignatius Donnelly o del vidente Edgar Cayce. En su opinión, la civilización maya descendía de los antiguos atlantes, y en sus expediciones trataba de encontrar pruebas que vincularan ambas culturas.

El 1 de enero de 1924, día en que su hija adoptiva, Anna, cumplía 17 años, ella estaba con el equipo de su padre realizando excavaciones en el enclave maya. Fue entonces cuando descubrió un objeto extraordinario entre las ruinas de una pirámide ceremonial. Era la parte superior de una calavera de cristal de cuarzo. Unos meses después el equipo encontró la parte inferior, que se correspondía con la mandíbula, a tan solo unos metros del primer hallazgo.

Anne Mitchell-Hedges y la Calavera del Destino

La calavera de Mitchell-Hedges o Calavera del Destino: la pieza más famosa


La calavera conocida como la “Calavera del Destino” o “Calavera Mitchell-Hedges” mide 13 centímetros de alto y 18 de largo. Consta de cráneo y mandíbula móvil, tallados en dos bloques de cristal puro de cuarzo que encajan con total precisión.

La calavera es anatómicamente perfecta al compararla con un cráneo humano. Por su tamaño, se cree que representa un cráneo femenino. Según las investigaciones los dos bloques que forman la pieza pertenecían originariamente a la misma piedra de cuarzo.

Mitchell-Hedges cuenta en sus memorias que los antiguos sacerdotes mayas utilizaban la “Calavera del Destino” para practicar rituales esotéricos. Él le atribuía unos 3600 años de antigüedad a la pieza, y creía que para conseguir el pulido perfecto de su superficie los artesanos mayas pasaron 150 años, generación tras generación, todos los días de su vida, puliendo el cristal de roca con arena.

Aunque Mitchell-Hedges les obsequió la calavera de cristal a los nativos mayas que colaboraban en la expedición, cuando su grupo abandonó el enclave dos años después los mayas se la devolvieron, en pago por los alimentos y medicinas que había recibido su tribu.

Escepticismo sobre los orígenes de la Calavera del Destino

En Europa, la historia del origen de la calavera y de cómo llegó a manos de Mitchell-Hedges fue recibida con bastante escepticismo. En primer lugar, se cuestionó el hecho de que, aunque supuestamente la calavera había sido hallada en 1924, el explorador solo comenzó a exhibirla al público después de la segunda guerra mundial.

Tampoco hay registros del hallazgo en sus escritos, ni menciones por parte de ningún otro miembro de su expedición. En su autobiografía, publicada en 1956, Mitchell-Hedges no explica cómo entró en posesión de la calavera. En la edición de Londres solo dice que tiene razones para no revelarlo. Posteriormente, en la edición de Boston del libro se suprimió toda referencia a la calavera.

Pero lo que más ha hecho dudar sobre la autenticidad del relato de Mitchell-Hedges es la documentación que prueba que la pieza se subastó el 15 de octubre de 1943 en Shoteby’s, una conocida casa de subastas de Londres. Quien figura como el dueño de la calavera era un marchante de arte londinense llamado Sydney Burney.
Aunque la documentación no especifica los pasos intermedios, se sabe que la calavera cambió de manos en la subasta y terminó en posesión de Mitchell-Hedges por un precio de 400 libras.

Además, en una carta de Mitchell-Hedges a su hermano, fechada el 22 de diciembre en 1943, le cuenta: «Posiblemente hayas visto en los periódicos que he adquirido una Calavera de Cristal que antes pertenecía a la colección de Sydney Burney».

En el catálogo de la subasta la pieza figura como el artículo número 54, y se la describe como «una magnífica talla de cristal de tamaño natural de un cráneo humano». Tiene la mandíbula inferior separada, los detalles están correctamente representados y el tallador ha dado a las órbitas, los arcos cigomáticos y las apófisis mastoides la similitud de sus formas naturales.
También se  hace referencia a otro dato de interés: se dice que la calavera fue objeto de un artículo en una revista de antropología llamada Man en julio de 1936.

Investigaciones sobre la calavera de cuarzo

Primeras investigaciones sobre la autenticidad de las calaveras de cuarzo

En la fecha de ese artículo, firmado por el Dr. Morant y titulado “Comparación morfológica de dos cráneos de cristal”, la calavera estaba en posesión de Sydney Burney, ya que este aparece mencionado como el propietario. Los comentarios al artículo realizados por Adrian Digby, del Museo Británico, indican que no hay información sobre la pieza antes de enero de 1934.

En el artículo se realiza una meticulosa comparación entre la calavera de Mitchell-Hedges y la que estaba expuesta en el Museo Británico.

Con todas estas pruebas documentales, para los escépticos es evidente que Mitchell-Hedges adquirió la calavera en 1943 y por lo tanto la historia de su hallazgo en Belice en 1924 es falsa.

Sin embargo, Anna Mitchell-Hedges, que vivió hasta los 100 años, defendió durante toda su larga vida el hecho de haber encontrado ella misma la calavera en la excavación el día en que cumplía 17 años.

Según su versión, Sydney Burney no era oficialmente el propietario de la calavera de cristal. Su padre la había dejado en su custodia durante un tiempo a cambio de que Burney le ayudase a financiar una expedición a Centroamérica. Por lo tanto lo que hizo su padre en 1943 no fue comprarla sino recuperarla.

Un dato interesante es que Mitchell-Hedges pasó a ser el propietario legítimo de la calavera únicamente después de haberla comprado de forma oficial. Si era cierto que la había encontrado en una excavación, antes de haber pagado por ella podría correr el peligro de que alguna institución o museo se la reclamase. Esto podría justificar por qué solamente empezó a hablar en público de su Calavera del Destino a finales de los años cuarenta, cuando ya era su propietario legal.

Anna Mitchell-Hedges y el legado de su padre

Tras la muerte de Mitchell-Hedges en 1959, la calavera quedó en posesión de su hija y supuesta descubridora, Anna Mitchell-Hedges. La calavera no estaba expuesta al público permanentemente, pero su dueña realizaba regularmente giras, daba conferencias y presentaba la pieza en exposiciones. Al igual que su padre, ella creía que la calavera era un objeto místico con poderes sobrenaturales. Por eso opinaba que su lugar no estaba en un museo, puesto que podía convertirse en un objeto maligno si caía en las manos equivocadas. Supuestamente, la calavera era utilizada por los antiguos sacerdotes mayas para atraer la muerte. De ahí le viene el sobrenombre de la “Calavera del Destino”.

Aunque Anna siempre se mostró reacia a que a la calavera se le realizaran pruebas científicas, sí aceptó prestársela a un conservador de arte llamado Frank Dorland. De hecho la calavera estuvo en poder de Dorland durante seis años, desde 1964 hasta 1970. Pero Dorland, además de ser miembro del Instituto Internacional de conservación de objetos de museo, era un apasionado de los fenómenos paranormales y los temas místicos. De hecho, durante sus estudios de la Calavera del Destino se especializó en biocristalografía, el estudio del intercambio de energías entre la mente humana y el cristal de cuarzo, y terminó escribiendo un libro sobre el tema, titulado “Hielo sagrado: un puente a lo inconsciente”.

Probablemente esta afición de Dorland por la dimensión misteriosa de la calavera fue lo que convenció a Anna a confiársela durante tanto tiempo. Sin embargo, lo que ella no se esperaba es que Frank Dorland decidiese por su cuenta solicitar un examen más científico de la pieza. De este modo, bajo su responsabilidad y sin el permiso de su dueña, se realizó uno de los estudios más detallados de la calavera del destino en los laboratorios de Hewlett-Packard en Silicon Valley.

Calaveras de cristal a debate

El análisis de Hewlett-Packard sobre la calavera del Destino

Los técnicos de HP realizaron diversas pruebas para analizar la estructura del cristal de cuarzo y las marcas de tallado. Se confirmó que era de cristal de cuarzo transparente, una forma pura de dióxido de silicio. El cristal presentaba una estructura óptica inusual. Descubrieron efectos de refracción que podrían haber sido diseñados de forma intencionada. Este tipo de trabajo óptico era extremadamente complejo y parecía desafiar las capacidades técnicas de las culturas antiguas.

La conclusión fue que probablemente fuese una obra moderna, aunque no pudieron determinar el método exacto de tallado ni su fecha de fabricación.

Sin embargo, Dorland interpretó los resultados del análisis de HP de diferente manera, sobre todo teniendo en cuenta que a partir de su observación y estudio directo de la calavera durante aquellos años, él ya había sacado sus propias conclusiones.

Sus teorías se inclinaban mucho más hacia lo paranormal que hacia lo científico. Él ya había observado las extrañas propiedades ópticas de la calavera, como los efectos de «halo» dentro del cristal. En su opinión la calavera había sido diseñada de esta manera para producir visiones o activar estados místicos.

Le parecía bastante improbable que la calavera se hubiese tallado puliendo manualmente el bloque de cuarzo con arena o pasta abrasiva durante 300 años de pulido continuo. Se decantaba más por una procedencia de una civilización antigua y avanzada. Esto sirvió de base para que otros investigadores esotéricos promovieran la idea de un origen atlante.

Dorland también describió supuestas propiedades paranormales en la calavera. Descubrió que en ocasiones cambiaba de temperatura y emitía leves sonidos, lo que él interpretó como indicios de “energía” atrapada en su interior. Estas afirmaciones captaron la atención de medios y autores esotéricos, quienes comenzaron a ver la calavera como un posible conducto de energía.

Teniendo en cuenta que todo esto sucedía a comienzos de la década de los 70, la calavera Mitchell-Hedges no tardó en convertirse en todo un icono de la corriente New Age, dejando de de ser vista como una pieza arqueológica para pasar a ser un artefacto esotérico y misterioso.

Calaveras de Cristal enb la época New Age

Exhibición privada: la calavera del Destino en Canadá

Entretanto, a Anna Mitchell-Hedges no le hizo ninguna gracia que Dorland realizase un estudio científico de su calavera sin su permiso, así que viajó a California a recuperarla y se la llevó consigo a Canadá, lugar donde ella residía en aquella época.

En los años siguientes, muchos personajes famosos como Peter O’Toole o Shirley MacLaine visitaron a Anna en Canadá para admirar la calavera con sus propios ojos.

Uno de los muchos a quienes llamó la atención la fama de la calavera fue un hombre llamado Bill Homann. Él se puso en contacto con Anna Mitchell-Hedges para ver la pieza con sus propios ojos, y así se conocieron en 1981. En aquella época, ella ya era una anciana de 74 años mientras que Bill Homann no llegaba a los 40. Sin embargo, tras una amistad que duró más de 20 años se casaron en el año 2002, cuando ella ya contaba con 92. Bill Homann, que prefiere recordar a Anna como su mentora y maestra espiritual más que como su esposa, se mantuvo a su lado cuidándola hasta que ella falleció en 2007 a la edad de 100 años. Desde ese entonces, la calavera del Destino está en posesión de Bill Homann.

Otras piezas similares: la calavera del Museo Británico

La popularidad que alcanzó la calavera Mitchell-Hedges despertó el interés por otras piezas similares. Una de las más conocidas, que ya estaba expuesta al público mucho antes de que Anna afirmara haber encontrado la suya, es la calavera del Museo Británico.

Sin embargo, al no haber pasado por tantas peripecias y avatares como la Calavera del Destino, no ha sido foco de tanta polémica. El Museo la adquirió en 1898 por lo que lleva apaciblemente más de 125 años en su colección.

Esta calavera es muy similar a la de Mitchell-Hedges, con la particularidad de que está fabricada con un solo bloque, por lo que tiene la mandíbula fija. Además se trata de la pieza que se comparó con la calavera de Mitchell-Hedges en el artículo de 1934.

Hasta mediados de los años noventa estuvo catalogada como posiblemente azteca, con una antigüedad de entre 1300 y 1900 años. Pero en un estudio que se le realizó en 1996 se descubrieron huellas de un torno, por lo que ahora aparece descrita como una pieza europea, fabricada probablemente a finales del siglo XIX. En la descripción también pone que el museo la adquirió a la joyería Tiffany de Nueva York en 1898.

La calavera del Instituto Smithsoniano

La calavera del Museo de Historia Natural del Instituto Smithsoniano es el cráneo de cristal de mayor tamaño de todos los que se conocen.  Es notablemente más grande que un cráneo humano promedio, con un peso de aproximadamente 14 kilogramos y una altura cercana a los 25 centímetros. Un donante anónimo lo envió al Museo en 1992, afirmando que era de origen azteca y que procedía de la colección privada del dictador Porfirio Díaz.

La antropóloga Jane Walsh y su colega, Brett Topping, que trabajaban en el museo y tuvieron acceso directo a la calavera, sospechaban que era falsa, ya que no se correspondía con las características típicas de los artefactos precolombinos. Comenzaron a rastrear la trayectoria de la pieza desde sus orígenes hasta que llegó al museo, y de sus investigaciones surgió un libro que se titula “El hombre que inventó las calaveras de cristal: las aventuras de Eugene Boban”.

Calaveras de cristal y Eugene Boban

El anticuario Eugene Boban y el inicio de la leyenda de las calaveras de cristal

 Eugene Boban, el protagonista del libro de Jane Walsh y Brett Topping, fue una figura clave en la introducción de las calaveras de cristal en diferentes museos y exhibiciones. Boban fue un anticuario francés especializado en antigüedades precolombinas que gozó de cierto prestigio a finales del siglo XIX.

Vivió en México entre 1852 y 1885, donde recopiló una gran colección de antigüedades mesoamericanas, muy variada y ecléctica, que contenía tanto artefactos auténticos como copias y falsificaciones.

Durante una estancia en Francia en 1875, entró en contacto con Alphonse Pinart, un explorador y etnógrafo francés apasionado por las antiguas culturas americanas. Boban le vendió a Pinart una parte significativa de su colección, incluyendo tres calaveras de cristal. En 1878 Alphonse Pinard donó estas piezas al Museo de Etnografía del Trocadero en París, que más tarde se convertiría en el Museo del Hombre.

Se sabe que en aquella época, a finales del siglo XIX, al menos una de estas calaveras estuvo expuesta, aunque posteriormente se mantuvo oculta hasta mayo de 2008. En esa fecha, coincidiendo con el estreno de la película de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, se expuso de nuevo al público en la colección del Museo del Quai Branly. Por lo tanto, la calavera del museo francés formó parte en su día de la colección de Eugene Boban.

De vuelta en México en 1885, Boban inauguró su propio museo privado, al que bautizó como Museo Científico, donde exhibía su colección de forma permanente. Este museo, que era más parecido a los llamados “gabinetes de curiosidades”, contaba con objetos tan diversos como la reconstrucción de un guerrero azteca o varias momias supuestamente precolombinas. En algunas fotos que se conservan de la época puede verse que en el museo también se exhibía al menos una de las calaveras de cristal.

En 1886 Eugene Boban se vio envuelto en un escándalo al intentar vender su calavera de cuarzo al Museo Nacional de México haciéndola pasar por un artefacto azteca auténtico, pero tras un estudio el director del museo descubrió a tiempo que era una falsificación.

Para escapar a su fama de estafador, Boban cerró su museo y se mudó a Nueva York, donde vendió gran parte de su colección en una subasta en 1886, en la cual Tiffany compró la calavera de cristal que luego fue adquirida por el Museo Británico. Por lo tanto, la calavera del Museo Británico también perteneció en su día a la colección de Boban.

El origen mistico de las calaveras de cristal

Las investigaciones de Jane Walsh

En mayo de 2008 un equipo de investigadores entre los que se encontraba la antropóloga Jane MacLaren Walsh del Instituto Smithsoniano realizó un estudio de las calaveras del museo Británico y del Instituto Smithsoniano. El resultado se publicó en la revista científica Journal of Archaeological Science, en un artículo titulado “Los orígenes de las dos presuntas calaveras de cristal precolombinas”. Este análisis reveló varios datos interesantes.

En primer lugar, el cuarzo utilizado en las dos piezas contiene clorita, un mineral que se encuentra solo en cristales de Madagascar y Brasil. Por lo tanto, el material con el que se tallaron las calaveras no proviene de Mesoamérica.

Por otro lado, se descubrió que los cráneos se tallaron utilizando herramientas rotativas de alta velocidad, una tecnología que no existía en la América precolombina, y también que se usó como abrasivo carburo de silicio, un compuesto químico sintético que no empezó a producirse hasta finales del siglo XIX.

Los investigadores concluyeron que las calaveras de los museos de Londres y París no son artefactos precolombinos sino del siglo XIX, probablemente fabricadas en talleres de Alemania, específicamente en la ciudad de Idar-Oberstein, conocida en aquella época por su producción de objetos de cuarzo importado de Brasil.

Sin embargo, la famosa Calavera del Destino no se pudo incluir en este estudio porque Bill Homann, que era su dueño en ese momento no permitió que se le aplicaran técnicas de análisis avanzadas como el microscopio electrónico de barrido.

Sí accedió a que Jane MacLaren Walsh del Instituto Smithsoniano la examinara brevemente, pero sin técnicas invasivas. La teoría de la antropóloga a partir de toda la evidencia es que la Calavera del Destino se fabricó como una imitación mejorada de la del Museo Británico, probablemente en la década de los años 30.

Por lo tanto, sería una copia de otra calavera que ya de por sí es una falsificación, aunque en aquella época la del Museo Británico todavía estaba etiquetada como de origen azteca.

Otro dato que refuerza la idea de que Mitchel-Hedges se inventó la historia de la calavera es un relato titulado “La calavera de cristal”, del escritor australiano Jack McLaren.

Esta historia tiene por protagonista a un etnólogo que encuentra una calavera de cristal en Nueva Guinea, un extraño objeto que otorga poderes sobrenaturales a quien la sostiene en sus manos.

La novela se publicó en 1936, y según Jane Walsh es probable que Mitchel-Hedges se inspirase en ella para contar el origen de la calavera del Destino. Según Jane Walsh es probable que Mitchel-Hedges conociese esta novela de aventuras y se inspirase en ella para inventarse el descubrimiento de su calavera en Belice.

Calaveras de cristal, el mito

Las calaveras de cristal, un mito creado en tres tiempos: de Eugene Boban a los Mitchell-Hedges

En definitiva, el creador del mito de las calaveras de cristal como artefactos precolombinos fue Eugene Boban. Mitchell-Hedges y su hija Anna se encargaron de llevar el mito al gran público. Mitchell-Hedges se interesó más en el relato de aventuras, mientras que Anna le aportó la fama paranormal a la calavera del Destino. Esto sucedió sobre todo durante los años 60, en colaboración con el conservador Frank Dorland. Entre los dos alentaron el surgimiento de diferentes teorías místicas en torno a los orígenes de la calavera, como que había pertenecido a los caballeros templarios, que era producto de una tecnología extraterrestre, que estaba vinculadas con las teorías de la tierra hueca o que pertenecía a la civilización atlante.

Un elemento en el que varían las leyendas es en la referencia a los antiguos sacerdotes mayas y aztecas. Las calaveras vinculadas directamente con Eugene Boban se atribuyen a los aztecas, mientras que la calavera del Destino y otras con supuestos poderes místicos se asocian a los mayas.

Las teorías de Dorland también contribuyeron a forjar el mito de las 13 calaveras de cristal dispersas por el mundo, que deben reunirse para desbloquear el acceso a una sabiduría ancestral.

Ellie Crystal es una vidente norteamericana especializada entre otros en las energías procedentes de los cristales naturales. Para ella, en la datación de las calaveras de cuarzo no es tan importante el año en que fue tallada o su lugar de origen, sino la edad del cristal con que están fabricadas, que puede tener varios miles de años.

Altar ceremonial con las calaveras de cristal

Otras calaveras de cristal de cuarzo conocidas en la actualidad

Por supuesto hoy en día existen miles de calaveras talladas en cristal de cuarzo al estilo de la Calavera del Destino y sus homólogas, pero para quienes creen en la leyenda solo trece de ellas son auténticas. Según la vidente Ellie Crystal, algunas de ellas hoy en día están custodiadas por chamanes o indígenas y probablemente alguna de ellas esté en manos de alguien que todavía no es consciente de su importancia.

Ya hemos hablado de las tres calaveras de cristal más famosas: la del Museo Británico, la del Museo del Hombre de París y la Calavera del Destino de los Mitchell-Hedges.

Sabemos que la del Museo Británico y la del Museo del Hombre de París provienen de la colección de Eugene Boban, que probablemente las adquirió en Alemania.

Sabemos también que la calavera del Destino no la encontró Mitchell-Hedges en las ruinas mayas de Belice, sino que es una copia mejorada de la del Museo Británico.

Otras calaveras de cristal conocidas están más vinculadas con la parapsicología que con la arqueología, y no están en museos sino en manos de “custodios” o guardianes privados.

La calavera SHA NA RA de Michele Nocerino

Una de las más célebres es la calavera SHA NA RA. Perteneció a un investigador paranormal llamado Nick Nocerino, que la descubrió en México en los años 90 mediante sus poderes de arqueología psíquica, según él mismo contó. Nick Nocerino se convirtió en su guardián y le puso el nombre de SHA NA RA en honor a sus guías espirituales. Hoy en día la calavera continúa en custodia de su hija Michele Nocerino, que también es parapsicóloga.

La calavera E. T. de Jocky van Dieten

La calavera conocida como E.T. recibe este nombre porque la forma del cráneo recuerda más bien a un extraterrestre. Al igual que la calavera SHA NA RA, forma parte de una colección privada y no ha sido sometida a ninguna prueba científica, por lo que su supuesto origen no está comprobado.

La última dueña de la calavera E.T. fue la holandesa Joky van Dieten, que se la compró a un anticuario en Los Ángeles en los años noventa. Según ella, la propia calavera le contó que la encontró en Guatemala un hombre al que identificó como el señor Ristoca, mientras cavaba en su jardín en 1906. Quien se la vendió al anticuario fue el biznieto del señor Ristoca.

Joky creía que la calavera posee poderes extraordinarios, y que incluso la curó de un tumor cerebral. Desde su fallecimiento en 2022, la calavera E.T. ya no está accesible al público.

La calavera Max de JoAnn Parks

Otra calavera con supuestos poderes místicos es la llamada Max, cuya propietaria es JoAnn Parks. Se trata de un cráneo que en este caso no es totalmente translúcido sino de cristal claro. Según ella, esta calavera es la más antigua de todas, con más de treinta mil años de antigüedad. Según su relato, la calavera fue descubierta en Guatemala, donde los sacerdotes mayas habían utilizado durante siglos sus poderes sanadores. Posteriormente perteneció a un monje tibetano llamado Lama Norbu Chen, que se la entregó a JoAnn Parks en los años 70.

Desde entonces, JoAnn Parks ha viajado por todo el mundo con Max, exponiendo la calavera ante miles de personas. Mucha gente dice haber vivido experiencias espirituales, visiones y sensaciones de sanación al estar en presencia de Max.

Como hemos visto, en los tiempos de Boban y de Mitchell-Hedges las calaveras de cristal tuvieron un interés más arqueológico, mientras que a partir de los años 70 con las teorías new-age hasta la actualidad el interés se dirige más bien a su dimensión mística.

En el año 2008, el misterio de las calaveras de cristal volvió a alcanzar notoriedad gracias al estreno de la cuarta entrega de la saga de Indiana Jones, titulada “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”. En ella aparece la Calavera de Akator, un cráneo de cristal de origen extraterrestre, que además tiene poderes mentales.

Desde un supuesto hallazgo en la selva hasta el cine de Hollywood, las calaveras de cristal han pasado de ser reliquias arqueológicas a emblemas del misterio y la ficción. Tal vez nunca se llegue a saber toda la verdad sobre su origen, pero su leyenda sigue viva.

Bibliografía: