Los vampiros son monstruos icónicos del terror que, al contrario que otras «criaturas de la noche», no existen desde tiempos inmemoriales. ¿Cómo surgió y se desarrolló el mito de los vampiros hasta el arquetipo del vampiro actual?
Villa Diodati, Suiza, 1816. Una noche tormentosa ilumina el lago Ginebra con destellos eléctricos, mientras un grupo de jóvenes escritores se reúne alrededor del fuego. Lord Byron, Percy y Mary Shelley, y John Polidori leen relatos de fantasmas y se desafían entre ellos a escribir una historia de terror. Esta noche nacerán dos monstruos que perduran hasta el día de hoy. Mary Shelley escribe su primer borrador de Frankenstein y John Polidori su relato El Vampiro.
John Polidori no fue el primero que escribió sobre vampiros, pero sí el que perfiló la base del vampiro icónico luego desarrollaría Bram Stoker en su novela Drácula.
En la época en que escribe Polidori la figura del vampiro era ampliamente conocida, no tanto como un personaje de ficción sino sobre todo como un supuesto ser de ultratumba que existía de verdad en Europa del Este.
Los vampiros de las leyendas eslavas
En el folklore europeo siempre han existido leyendas sobre difuntos que vuelven a la vida convertidos en criaturas sobrenaturales y forman parte de una tradición universal. Se les conoce con distintos nombres, como los draugr escandinavos o los revenants de la Europa medieval. Pero los muertos vivientes de las leyendas eslavas tienen una característica común que no comparten con los del resto de Europa: se alimentan de sangre de los vivos.
En la zona de Rumanía se les llamaba strigoi, aunque parece que el término también era conocido en otras zonas de los Balcanes. Hay un caso documentado del siglo XVII de un supuesto strigoi llamado Jure Grando, que era de la actual Croacia.
- El blautsauger es un tipo de chupasangres conocido en Alemania, sobre todo en la zona de Baviera.
- El término Nosferatu también se ha asociado a las supersticiones de Transilvania, aunque hoy en día el origen del término está bastante cuestionado.
- En otros territorios eslavos como Eslovaquia y Rusia se les llamaba upir a los no muertos succionadores de sangre, con la variante upior en Polaco.
- En zonas de Serbia se les conocía como vampyr, que es la forma que ha llegado hasta nosotros.
Los métodos para protegerse de estos monstruos vampíricos variaban dependiendo de la zona, pero en general se les repelía con ajos o crucifijos, y la única forma de acabar con ellos era desenterrarles, clavarles una estaca en el corazón, decapitarles y quemar sus restos.

Los casos serbios de vampiros históricos
Hasta el siglo XVIII tales supersticiones sobre estos seres de ultratumba mayormente solo eran conocidas en la zona de donde eran originarias. Pero en la primera mitad de ese siglo se produjeron en Serbia lo que podríamos llamar una serie de «epidemias vampíricas» que causaron gran alarma social.
En aquella época Serbia estaba bajo el control del Imperio de los Habsburgo. Al enterarse de los extraños sucesos de supuestos muertos vivientes que se estaban produciendo en los Balcanes, las autoridades austriacas enviaron a sus médicos militares a investigar. Gracias a los informes que redactaron los médicos austriacos se documentó oficialmente la existencia de los que podríamos llamar los primeros vampiros conocidos.
El caso de Petar Blagojević
El primer informe fue el del intendente Frombald, escrito el 31 de julio de 1725, sobre el caso de Petar Blagojević, llamado también en fuentes austriacas Peter Plogojowitz, en la aldea de Kisilova. Según relataban los habitantes del pueblo, después de su muerte, ocho personas más de la aldea desaparecieron o murieron en extrañas circunstancias. También se le apareció a su esposa por la noche, lo que la hizo escapar del pueblo para que su difunto marido no la matase. La gente del pueblo le exigió a Frombald poder exhumar el cadáver y aplicarle un ritual tradicional para evitar que asesinase a toda la gente del pueblo.
En su informe Frombald describe el mal que supuestamente aquejaba a Peter Blagojevic según los aldeanos con una palabra que para él era desconocida y que transcribió como “vampyr”. En el escrito lo definió como algo parecido al “blautsauger” o chupasangres conocido en la tradición germana. Esta es la primera vez que aparece la mención al vampiro en alemán.
Frombald estuvo presente, junto con el sacerdote del pueblo, en la exhumación del cadáver de Petar Blagojevic. Según reportó en su informe, el cadáver no se veía del todo descompuesto, le habían crecido las uñas y el pelo, y tenía sangre en la zona de la boca. Todos estos indicios convencieron a los presentes de que se trataba de un vampiro, por lo que se procedió a realizar el ritual propio de la zona para evitar que siguiese atormentando a los vivos. Se le clavó una estaca en el corazón y después se quemó el cadáver.

El caso de Arnold Paole
El segundo caso sucede en 1731 en otra aldea serbia llamada Medvela, que se hallaba aquejada por la influencia de un supuesto vampiro llamado Arnold Paole que ya había fallecido años atrás.
Después de volver de la guerra contra los otomanos, Paole mencionó que allí le había mordido un vampiro turco. En el año 1726, poco tiempo después de volver de la guerra, Paole murió aplastado accidentalmente por un carro de heno. Unas semanas después de su muerte, cuatro personas de la aldea afirmaron haber sido atacados por el fantasma de Paole, y pocos días después se murieron.
Para evitar más ataques del vampiro, los aldeanos decidieron abrir su tumba y se encontraron con una serie de rasgos que les convenció de que era un vampiro: el cuerpo estaba lozano e incorrupto, de su boca y nariz fluía sangre fresca, también había sangre fresca en el sudario y el ataúd, y le habían crecido uñas nuevas. Por todo ello, le aplicaron el ritual de clavarle una estaca en el corazón y después quemaron el cuerpo y después procedieron a hacer lo mismo con los cadáveres de sus supuestas cuatro víctimas.
Cinco años después de su muerte, Arnold Paole volvió a aterrorizar el pueblo. Trece de sus habitantes fallecieron misteriosamente con fiebres y grandes dolores causados según los lugareños por ataques del supuesto vampiro. Los habitantes de Medvela solicitaron ayuda a las autoridades, que enviaron al dr. Glaser, un médico imperial especializado en enfermedades contagiosas.
Según la gente del lugar, el vampiro Paole no solo había atacado a cuatro personas cinco años atrás, sino que también había mordido al ganado. Por lo tanto, el médico austriaco se enfrentaba a un contagio de vampirismo por parte de quienes habían consumido carne de las ovejas infectadas.
El dr. Glaser realizó la autopsia de los cadáveres sin encontrar ningún hecho particular que revelase que se habían convertido en vampiros. Pero ante la insistencia de los lugareños, escribió un informe el 12 de diciembre de 1731 sobre los resultados de la autopsia y también solicitando permiso para realizarles el «ritual antivampiros».
El informe de Flückinger
Tras recibir este escrito las autoridades deciden enviar una comisión que investigue los hechos más a fondo, a cargo del oficial Flückinger. Este fue quien escribió el informe más conocido sobre los vampiros serbios, un tipo de documento visum et repertum que significa “visto y descubierto”.
Cuando Flückinger llega a Medvela, ya habían fallecido varias personas más, siendo ya diecisiete en total. Él realiza un informe más detallado que el de Glaser de las autopsias, detallando que cinco de los cuerpos presentaban signos de descomposición mientras que los doce restantes estaban incorruptos, mostrando signos que según la tradición demostraba que eran vampiros. Les habían crecido uñas nuevas, tenían las vísceras llenas de sangre fresca y algunos habían masticado sus sudarios, lo cual era una señal inequívoca de que se trataba de no muertos.
Este informe tuvo gran influencia posterior en la propagación del mito de los vampiros por toda Europa, pero también en la creación de la figura del vampiro en la literatura. A esta difusión también contribuyó una carta que publicó el padre del dr. Glaser contando a su manera el caso tal y como se lo había relatado su hijo. Los principales diarios europeos se hicieron eco de estas noticias, y así se desató la histeria del vampirismo en toda Europa, principalmente por información distorsionada y leyendas urbanas sobre los vampiros serbios.
Cabe destacar que a Europa occidental solamente llegaron las noticias de los informes de exhumaciones y rituales de supuestos vampiros reales, pero no las leyendas tradicionales eslavas. Por ejemplo, la leyenda de Sava Savanovic que vivía en un molino en el pueblo de Zarozje es un clásico de la tradición vampírica eslava. Aparece recogida en la novela de mil ochocientos ochenta Después de Noventa años, del autor serbio Milovan Glisic, pero no se popularizó en el resto de Europa.
Precisamente el factor de que los hechos eran reales fue lo que provocó el morbo y el interés social. Tanta fue la repercusión del fenómeno vampírico serbio que rápidamente pasó a ser tema de debate científico, teológico y filosófico.

La «vampiromanía» llega a Europa
Numerosos intelectuales de la época se interesaron por los casos de los vampiros serbios, siempre desde una perspectiva escéptica, entre ellos el filósofo Voltaire. El siglo XVIII fue el periodo de la Ilustración también conocido como la edad de la Razón, una época en que se valoraban la ciencia y la lógica y se rechazaban las supersticiones y las creencias en lo sobrenatural. En 1746 el monje francés Dom Agustín Calmet escribió un célebre estudio que tuvo especial repercusión, titulado Tratado sobre la aparición de espíritus y sobre los revenants o vampiros de Hungría, Moldavia, Bohemia y Silesia. El tratado describe entre otras cosas las principales características de los seres vampíricos y la forma de acabar con ellos según la tradición balcánica, desde un enfoque bastante racional y escéptico.
A pesar de todo este escepticismo oficial, la “plaga del vampirismo” estaba en todo su apogeo en Europa, y en la segunda mitad del siglo también empezaron a aparecer las primeras referencias literarias a la figura del vampiro.
John Polidori se inspiró en el tratado de Agustín Calmet al escribir su relato El Vampiro aquella épica noche de 1816 en villa Diodati. Además Polidori perfiló la base del vampiro moderno, dejando atrás la imagen desarrapada de los vampiros-cadaver serbios al sustituirlo por el vampiro aristócrata y refinado. Lord Ruthven, su protagonista, es un vampiro libertino que no tiene nada de cadáver andante, sino de seductor que manipula a sus víctimas con su galantería.
Después de la novela de Polidori, que se publicó en 1819, aparecen otros relatos sobre vampiros a lo largo del siglo XIX. De entre ellos podemos destacar a Varney el Vampiro, una novela por entregas que se publicó entre 1845 y 1847 y luego se recogió en un libro. Varney incorpora características novedosas que luego se incorporarán a la etiología de los vampiros actuales. Por ejemplo es el primer vampiro que deja la huella de sus colmillos afilados en el cuello de sus víctimas.
El vampiro gótico y el personaje de Drácula
Pero es Bram Stoker con su novela Drácula en 1897 quien le da la forma definitiva al vampiro que hoy todos conocemos. Drácula combina en un solo personaje una serie de elementos del folklore serbio con otros que ya habían aparecido en otras novelas de la época y otras características originales, creando el arquetipo del vampiro que se ha vuelto icónico.
El personaje de Drácula es diferente a Lord Ruthvan o a Varney porque la novela también se escribe en una época diferente, y porque como individuo tiene una personalidad diferente. Pero como vampiro, también es diferente. Drácula es un personaje complejo que combina su naturaleza malévola con el misterio y un halo de nostalgia trágica. Su profundidad psicológica y emocional ha sido recogida y reinterpretada como una característica típica de los vampiros modernos.

Siglo XX: los vampiros llegan al cine
A partir de principios del siglo XX la evolución del arquetipo del vampiro de ficción ya no solo corrió a cargo de la literatura. Desde sus inicios, el cine ha sido un instrumento fundamental en la difusión y evolución del mito del vampiro en el siglo XX y XXI.
La figura de Nosferatu
La primera película de vampiros fue Nosferatu, una sinfonía del horror, una película muda alemana de 1922. Nosferatu fue una adaptación de la novela de Bram Stoker que se realizó sin tener los permisos ni autorización necesarias para adaptarla. Por eso se cambiaron los escenarios y los nombres de los protagonistas. El conde Drácula pasa a ser el conde Orlok, y tiene una estética muy diferente del Drácula de Stoker. Su cabeza calva con orejas y dientes puntiagudos puede estar inspirada en un murciélago, ya que una de las características del Drácula de Stoker es su capacidad de transformarse en ese animal. Además, sus rasgos cadavéricos podrían basarse parcialmente en el aspecto de los vampiros, strigoi y demás seres vampíricos de las tradiciones eslavas, que no dejan de ser cadáveres reanimados.
Quizás en parte para explicar por qué este vampiro es tan diferente a los demás vampiros góticos, o quizás para evitar demasiados paralelismos con la novela original, en la película se sugiere que el conde Orlok tiene este aspecto porque los Nosferatu son una variante particular del género de los vampiros.
El término Nosferatu ya existía anteriormente asociado con leyendas vampíricas rumanas, aunque parece estar basado en interpretaciones erróneas. Bram Stoker lo menciona en su novela afirmando que significa “no muerto” en rumano, pero en realidad la palabra no existe en este idioma.
De cualquier forma, el término Nosferatu se ha convertido en sinónimo de esta clase de vampiro con más rasgos monstruosos y menos humanizado en la cultura popular. La película estuvo a punto de desaparecer, ya que la viuda de Stoker al enterarse de su existencia demandó a la productora alemana por infringir los derechos de autor y se ordenó destruir todas las copias. Afortunadamente algunas lograron salvarse y hoy en día la película Nosferatu se ha convertido en un clásico del cine del terror.
El elegante Conde Drácula vs. Nosferatu: la dualidad
En 1931 aparece la película Drácula, que fue la primera adaptación fiel a la novela de Bram Stoker, con el actor rumano Bela Lugosi en el papel del conde Drácula. De esta película surgiría la mítica imagen de Drácula con la capa, los colmillos y el pelo engominado.
Curiosamente esta dualidad entre el Nosferatu calvo y con rasgos de murciélago y el vampiro con colmillos también la vemos en las adaptaciones de la novela El misterio de Salem’s Lot de Stephen King. En la adaptación de 1979, la representación del vampiro Kurt Barlow se parece mucho al Nosferatu de la película muda alemana. En cambio, en la adaptación de 2004 Kurt Barlow se parece más al vampiro aristocrático y elegante de apariencia humana.
La aportación de Anne Rice: las Crónicas vampíricas
Otro hito en el panorama del mito de los vampiros fue la novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro en 1976, la primera de la saga conocida como Crónicas Vampíricas. Desde su interpretación, entre otras muchas cosas los vampiros no son simplemente monstruos sanguinarios sino seres inmortales que tienen que lidiar con la soledad o con problemas existenciales sobre su propia naturaleza.

Siglo XXI: el arquetipo del vampiro actual
Ya en el siglo XXI la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer crea la figura del vampiro adolescente, conectando el mito con una audiencia más joven con temas propios de su generación, como la búsqueda de identidad o las relaciones románticas, y lo adapta a la vez a una perspectiva contemporánea. Uno de sus conceptos originales es el del vampiro vegetariano, que son aquellos que no consumen sangre humana sino solo de animales.
La serie True Blood también es un buen ejemplo de cómo el mito del vampiro sigue en constante evolución en el siglo XXI, utilizando la mitología vampírica para abordar cuestiones sociales, morales y de identidad de forma que resuenen más con el público actual.
Desde sus inicios en las tenebrosas leyendas de los protovampiros eslavos, el mito del vampiro ha evolucionado adaptándose a la época, y probablemente seguirá evolucionando con los tiempos sin llegar a abandonarnos, porque una cosa es segura… los vampiros son y seguirán siendo inmortales.
Y así hemos llegado al final de nuestra historia de hoy. Gracias por haberme acompañado en este nuevo encuentro a medianoche. ¡Nos vemos en nuestro próximo encuentro!