Croacia, 1656. Los habitantes de la aldea de Kringa respiran aliviados. Su insufrible y desalmado vecino Jure Grando acaba de fallecer. Todavía no saben que lo peor está por venir. Tardarán dieciséis años en poner fin a su reinado de terror, pues tras su muerte, Jure Grando se ha convertido en un vampiro.
Jure Grando: ¿vampiro o «strigon»?
Bienvenidos a otro encuentro a medianoche. Hoy vamos a adentrarnos en la sorprendente historia de Jure Grando Alilović, el primer vampiro históricamente documentado. En 1689, el barón Johann Weichard Valvasor, escritor e historiador esloveno, relató el caso de Jure Grando en su tratado titulado La Gloria del Ducado de Carniola.
Después de viajar por todos los dominios del imperio Habsburgo en aquella zona, este escritor quiso incluir en sus crónicas las leyendas, costumbres y supersticiones de cada región. Por eso recogió el relato de la aldea de Kringa en el capítulo dedicado a la lengua, costumbres y creencias de la región de Istria, como un ejemplo del folclore local sobre los muertos vivientes, y las supersticiones de los campesinos istrianos. Gracias a esto, la mayor parte de los datos sobre la historia de Jure Grando proceden de sus fuentes.
En su obra, Valvasor no se presenta como autor del relato original, sino como recopilador que registra lo que escuchó en sus viajes, ya fuese mito o realidad. Según afirma, la historia de Jure Grando le fue contada por testigos locales de Kringa y así es como la transmite al lector, sin adoptarla como un hecho literal sin reservas. Más bien la interpreta como un producto más de las creencias y supersticiones de la zona.
Cabe destacar que Valvasor nunca mencionó la palabra “vampiro” en sus crónicas para referirse a Jure Grando, sino “strigon”. La palabra strigon es una de las muchas denominaciones usadas en la zona de los Balcanes referidas a muertos que regresaban de la tumba para atormentar a los vivos y alimentarse de su energía. La palabra “vampir” sería su equivalente serbio, pero faltaban aún varias décadas para que este término se diese a conocer en Europa Occidental.
Por tanto, podríamos decir que Jure Grando es el primer “vampiro” oficial en sentido cultural, pero no el primero en recibir la denominación de vampiro. Fue el primer caso documentado por escrito de un supuesto muerto que sale de la tumba para chuparle la energía a los vivos, pero el historiador Valvasor siempre se refirió a él como un štrigon.
Como a cualquier otro vampiro, a los štrigon croatas se le atribuían actividades tales como deambular por las aldeas en mitad de la noche llamando a las puertas de las casas. Unos días después, alguno de los moradores de esa casa moriría, porque según se decía, se lo había comido el štrigon.

Vida y muerte de Jure Grando Alilović
Según cuenta la leyenda, Jure Grando nació en 1579 en la aldea de Kringa en Istria, actual Croacia. Se le describió como un hombre alto y corpulento, de carácter perverso y mala reputación en su aldea. Su nombre real era Jure Alilović, pero debido a su envergadura se había ganado el apodo de Jure Grando, lo que vendría a ser algo como Jorge el Grande.
Se sabe que Jure se ganaba la vida como cantero, estaba casado con una mujer llamada Ivana y tenía dos hijos, Ana y Nikola. Su carácter violento tenía aterrorizada a su familia. Su esposa en ocasiones tuvo que huir y refugiarse en el pueblo vecino para escapar de él. Sus hijos, hartos de sus malos tratos, también abandonaron el hogar familiar y se fueron a vivir a Italia a muy tempana edad. Pero no solo su familia le tenía pánico. Parece ser que su gran envergadura y su talante sanguinario provocaban gran desconfianza y temor a cuantos le rodeaban. Según el testimonio de algunos aldeanos, en ocasiones se le vio paseando por los caminos mientras devoraba un cordero crudo que llevaba colgado al hombro. En su paseo le acompañaba un gato negro que también participaba del festín. Este tipo de anécdotas muestran cómo, ya en vida, Jure Grando no era precisamente un ciudadano ejemplar.
Por ello no es de extrañar que cuando falleció en 1656, su viuda, sus vecinos y en general todos los habitantes de Kringa respiraron aliviados. Pero la paz no duró mucho. Poco después de su entierro, comenzaron a circular rumores espeluznantes. Jure Grando se levantaba de su tumba por las noches. Diversos testigos le vieron recorriendo las calles oscuras con mirada torva y respiración jadeante. En sus correrías, aporreaba las puertas de las casas, y cada vez que llamaba a alguna, alguno de sus residentes enfermaba gravemente o moría en los días siguientes.
Para los aldeanos de Kringa era un caso claro: Jure Grando se había convertido en un strigon, o lo que viene a ser un vampiro croata.

Dieciséis años de terror en la aldea
Jure aterrorizó a toda su aldea en forma de strigon durante dieciséis largos años. Su viuda fue una de sus principales víctimas. El vampiro la visitaba habitualmente y la forzaba a cumplir con sus obligaciones conyugales, cosa que, por otra parte, también le había hecho en vida. Ivana afirmaba que Jure se presentaba ante ella mostrando una sonrisa siniestra en el rostro y jadeando como una criatura salvaje mientras la atacaba sexualmente.
Una noche de 1672, el padre Giorgio, que era el sacerdote del pueblo, se encontró cara a cara con el espectro de Jure Grando mientras caminaba por los oscuros senderos de la aldea. El sacerdote alzó el crucifijo que llevaba en la mano y le gritó: “¡Atrás, strigon! ¡Deja de atormentarnos!”. Ante esas palabras, como criatura del mal que era, el vampiro retrocedió y entre alaridos espantosos salió huyendo y se perdió en las sombras.

Exorcismo y ritual «anti vampiros»
El sacerdote decidió que, tras dieciséis largos años de sufrir aquella maléfica presencia, ya era hora de enfrentarse al temido strigon y poner fin a su largo reinado de terror. Para ello, reunió a un grupo de nueve aguerridos aldeanos, liderados por Miho Radetić, resueltos a poner fin a las fechorías de Jure Grando. Los nueve valientes se dirigieron a la tumba del vampiro y desenterraron su ataúd.
Lo que hallaron los dejó sin aliento: dieciséis años después de su fallecimiento, el cuerpo de Jure Grando estaba incorrupto, con las mejillas sonrosadas, una siniestra sonrisa en el rostro, tal y como la había descrito su viuda y la boca todavía chorreando sangre fresca de sus víctimas.
Mientras el padre Giorgio levantaba el crucifijo para proteger a sus compañeros de la furia del vampiro, Miho Radetić trató de clavarle una estaca de espino en el corazón, pero la madera “rebotaba” contra el cuerpo de Jure como si fuese una piedra. Finalmente, Stipan Milašić, otro de los hombres, consiguió cortarle la cabeza. En cuanto la hoja del hacha atravesó su cuello, el vampiro lanzó un alarido desgarrador y un torrente de sangre llenó la tumba. Solo entonces cesó el terror y los aldeanos de Kringa pudieron vivir otra vez en paz.
Según la web Croatia Undiscovered, actualmente se desconoce dónde está enterrado Jure Grando. Se cree que su lugar de descanso final está en algún lugar fuera del cementerio, ya que los sacerdotes de la época nunca permitirían que los restos de un strigon reposaran en el camposanto.

El legado de la leyenda de Jure Grando
La leyenda de Grando pasó a la posteridad a través de las crónicas de Valvasor. Su testimonio se considera el primer registro escrito sobre el vampirismo en Europa, mucho antes de que la figura del vampiro se popularizara en la literatura romántica del siglo XIX. En ese siglo, su legado formó parte indirecta de la inspiración para las obras de ficción fundamentales del género: El vampiro en 1819de John William Polidori, y el célebre Drácula en 1897 de Bram Stoker.
Pero la historia de Jure Grando como el relato de un strigoi que una vez aterrorizó una aldea croata no cayó en el olvido. Su relato se mencionó en diversos escritos de diferentes épocas.
En 1690, Erasmus Francisci menciona su historia en la obra “El proteo infernal o el impostor de mil disfraces”, destinada a advertir al lector sobre los peligros del pecado y la superstición. Esta publicación fue casi contemporánea a los hechos, menos de 20 años después de la exhumación de Jure Grando, lo que parece demostrar que el caso de este strigon ya era conocido y circulaba por el ámbito germano-austríaco.
Más de siglo y medio después, Johann Joseph von Görres rescata la leyenda de Jure Grando en su extensa obra titulada “La mística cristiana”, de 1842, que era un estudio sobre fenómenos místicos, visiones y apariciones. El relato de Görres sobre Jure Grando ya no es una crónica contemporánea de los hechos sino una historia más elaborada, con detalles fantásticos añadidos al estilo romántico de la época.
Otra mención importante de la leyenda de Jure Grando viene de mano de Herman Hesse, en su recopilatorio titulado “Historias de fantasmas y brujas del Antiquarius del Rin”, de 1924.
Hoy en día, en su aldea natal la leyenda del primer vampiro oficial sigue viva. En memoria de los nueve valientes que pusieron fin a sus fechorías, les honra una placa de piedra con sus nombres grabados. Además, en Kringa también hay un pequeño bar llamado “Vampire” en honor a la siniestra leyenda de su antiguo vecino.
Quizás, en las noches oscuras, alguien escuche aún su respiración jadeante entre las lápidas…