La leyenda de la maldición de Tutankamón se forjó a raíz de las muertes y acontecimientos misteriosos que rodearon el descubrimiento de su tumba hace ya más de cien años.
Valle de los Reyes, Egipto, noviembre de 1922. El equipo del arqueólogo inglés Howard Carter acaba de acceder a la tumba del faraón Tutankamón. Carter ilumina con una vela el primer hueco que han abierto en el muro y atisba en la oscuridad. Lord Carnarvon, el mecenas de la expedición, le pregunta expectante qué es lo que ve. Howard Carter solo es capaz de responder: “¡Cosas maravillosas!”.
Lo que nadie aún se imagina es que este orificio en el muro es el primer resquicio que despertará la ira del faraón contra quienes profanen su último descanso. Nos encontramos ante el inicio de la maldición de Tutankamón.
El descubrimiento de la tumba de Tutankamón
La tumba de Tutankamón fue descubierta por el equipo del arqueólogo británico Howard Carter el 4 de noviembre de 1922 en el Valle de los Reyes, Egipto. Ese día se encontró el inicio de la escalera que llegaba a la tumba, pero no fue hasta el 26 de noviembre cuando Carter hizo una pequeña incisión en la puerta exterior y por fin pudo contemplar la antecámara a la luz de una vela.
La tumba también se conoce como KV62 debido a la nomenclatura utilizada para catalogar las tumbas del Valle de los Reyes en Egipto. KV es la abreviatura de «Kings’ Valley», que es el Valle de los Reyes en inglés, y «62» es el número asignado a la tumba de Tutankamón según su orden de ubicación geográfica en el valle.
El enterramiento estaba casi intacto y contenía un tesoro funerario que ayudó a los arqueólogos a comprender mejor la vida y la muerte de los faraones egipcios. Cuando Howard Carter abrió la puerta sellada de la tumba, su equipo accedió a la antecámara a través de un estrecho corredor. En esta zona encontraron una gran cantidad de objetos como muebles, armas, un carro de guerra y alimentos para acompañar al faraón en el más allá.

A través de la antecámara puede accederse la primera sala, llamada Anexo, donde se encontraron otros objetos como vasijas, estatuas y ungüentos.
En el centro de la tumba se ubica la cámara funeraria con el sarcófago de Tutankamón, que contenía su cuerpo momificado. Dentro del sarcófago de cuarcita había tres ataúdes anidados, el último de los cuales estaba hecho de oro macizo. Allí descansaba la momia del faraón, con su espléndida máscara funeraria de oro y piedras preciosas.
Anexa a la cámara funeraria se encuentra la cámara del tesoro que en el momento de su descubrimiento albergaba aún más artefactos y las vísceras momificadas del faraón, entre otras cosas.
El acceso al sarcófago del faraón y a las cámaras internas de la tumba llevaron varios meses. Fue el 16 de febrero de 1923 cuando Howard Carter abrió la puerta sellada que conducía a la primera cámara funeraria y así pudo confirmar posteriormente que allí se encontraba la momia Tutankamón.
El equipo de Howard Carter y el patrocinio de Lord Carnarvon
A lo largo de los siglos se han producido numerosos saqueos de tumbas egipcias. Estos en muchos casos no estaban motivados por interés en el estudio de la cultura egipcia, sino buscando de tesoros, objetos de oro o joyas. Las momias también tenían su valor en el mercado, no solo como curiosidades exóticas sino también para fabricar medicinas, por lo cual muchas tampoco se encontraban ya en las tumbas.
Por eso en 1912, un egiptólogo llamado Theodore M. Davis llegó a la conclusión de que el valle ya había sido completamente explorado y saqueado, y que no quedaba nada por descubrir.
Sin embargo el arqueólogo Howard Carter no compartía esa opinión y creía que aún podría haber descubrimientos importantes por hacer. Carter y su equipo comenzaron sus trabajos de excavación en el Valle de los Reyes en 1914, con el patrocinio financiero de un noble británico llamado Lord Carnarvon. Este Lord, cuyo nombre completo era George Herbert, tenía un gran interés por la arqueología, lo que le llevó a patrocinar financieramente las excavaciones de Howard Carter en el Valle de los Reyes. Su participación en el proyecto fue fundamental, ya que permitió que Carter continuara su trabajo a pesar de las dificultades económicas.
Esta colaboración que llevó años y mucha perseverancia y esfuerzo culminaría en el histórico descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922, prácticamente intacta y llena de tesoros y artefactos funerarios.

Vida y época de Tutankamón
Tutankamón vivió y reinó durante el periodo conocido como el Imperio Nuevo del antiguo Egipto. Según las investigaciones se estima que nació alrededor del año 1341 a.C. y ascendió al trono de Egipto a la muerte de su padre, cuando contaba con unos 9 años.
Su reinado se prolongó hasta su muerte a los 19 años de edad. Su reinado fue relativamente breve en comparación con otros faraones, y tanto en su época como muchos siglos después pasó prácticamente desapercibido dentro de la historia del antiguo Egipto.
Lo que le catapultó a la fama mundial fue el descubrimiento de su tumba, pero también contribuyó a su notoriedad la supuesta “maldición de Tutankamón”.
De momias y maldiciones
Antes de la maldición de Tutankamón ya existía la superstición de que las momias portaban desgracias. Ya en el año 1699 el autor de un tratado de embalsamamiento, Louis Penicher, cuenta la historia de un hombre que compró dos momias en Alejandría y dividió los restos entre siete baúles para transportarlas a Europa. La intención era usarlas como ingrediente farmacéutico, ya que en aquel tiempo se creía que los polvos de momia tenían propiedades curativas.
Pero el barco en el que viajaba se vio asaltado por violentas tempestades hasta que arrojó por la borda los baúles con las momias. Con esta historia, Penicher aludía a los riesgos que entrañaba transportar aquel peligroso remedio medicinal.
En la literatura también existían relatos de momias reanimadas buscando venganza desde el siglo XIX, como la novela “La momia” de Jane Webb, publicada en 1827.
Muertes extrañas: la venganza del faraón
El descubrimiento de la tumba de Tutankamón elevó las maldiciones de las momias a la categoría de leyenda contemporánea. Sobre todo porque fue cierto que algunos de quienes participaron de una u otra manera en el descubrimiento comenzaron a morir en fechas posteriores.
- El primero fue Lord Carnarvon, que murió repentinamente solo unos meses después, en abril de 1923. Su muerte fue atribuida a la infección de una picadura de mosquito que le causó una septicemia, agravada por una neumonía.
- El segundo fue George Jay Gould, que murió de neumonía en mayo de 1923, por unas fiebres que contrajo después de visitar la tumba de Tutankamón invitado por Howard Carter. A pesar de que George Jay Gould no formara parte del equipo de Howard Carter ni estuviese presente durante el descubrimiento, su muerte contribuyó a alimentar la leyenda de la maldición.
- El siguiente en fallecer fue Aubrey Herbert, medio hermano de Lord Carnarvon, que también estaba presente en la apertura de la tumba, murió en septiembre de 1923 cuando ya había regresado a Londres. Desde la infancia Aubrey Herbert tenía una pérdida de visión degenerativa, y a la temprana edad de 43 años ya había perdido prácticamente la visión por completo. En un intento de comprobar si las infecciones dentales eran lo que causaban su pérdida de visión, un médico le recomendó extraerse todos los dientes. Murió de una septicemia desarrollada después de las extracciones dentales.
- Hugh Evelyn-White, otro de los arqueólogos que formaba parte del equipo de las excavaciones, se suicidó unos meses más tarde en 1924. Se dice que dejó escrita una nota con su propia sangre que decía “He sucumbido a una maldición”.
- Archibald Douglas Reed, el radiólogo que participó en el estudio de la momia de Tutankamón, también falleció en 1924, después de una cirugía abdominal fallida.
- El francés Georges Aaron Bénédite, un conservador del museo del Louvre, murió en Luxor en marzo de 1926, poco después de haber visitado la tumba.
- El arqueólogo británico Arthur Mace, que se dice que fue quien dio el último golpe para derribar el muro de la cámara mortuoria, tuvo que retirarse de la expedición en la primavera de 1924 y terminó falleciendo en abril 1928. Según algunas fuentes la causa de la muerte de Arthur Mace fue una neumonía ocasionada por una pleuresía. Según otras, la causa fue un envenenamiento por arsénico.
Así podríamos seguir con todos los que participaron de una u otra manera en la expedición, el descubrimiento y la exploración de la tumba. Dependiendo de las fuentes, algunos llegan a citar a más de 20 víctimas directas o indirectas de la supuesta maldición. Pero algunos incluyen a los que se murieron 10 años o más después de haber visitado la tumba o incluso a otros que nunca estuvieron físicamente allí pero tuvieron algún contacto indirecto con Howard Carter o con las momias.
Por ejemplo, se cuenta la historia de que en 1925 Howard Carter le regaló a su amigo Sir Bruce Ingham un pisapapeles que estaba hecho de una mano momificada. Poco después la casa de Bruce Ingham se incendió hasta los cimientos, y después de reconstruirla sufrió una inundación. La mano momificada no era de Tutankamón. En realidad no se dice de quién era, y Sir Bruce Ingham tampoco se murió en esos momentos. Pero la mano sí pertenecía a una momia real, por lo que algunos también lo sumaron a la lista de damnificados por maldiciones de momias.
Por otro lado Howard Carter, que fue quien estaba al mando de toda la expedición murió de cáncer linfático el 3 de marzo de 1939 en Londres. Su muerte no está relacionada con la supuesta maldición ni tampoco experimentó nunca ninguna otra calamidad producto de la venganza del faraón.
En todo caso, la maldición particular de Howard Carter fue haber visto cómo la fama de la leyenda eclipsó durante toda su vida el descubrimiento histórico que él había hecho. Según Carter su hallazgo nunca tuvo el reconocimiento que en realidad se merecía y quedó empañado por la historia sobrenatural de la maldición del faraón de la que él siempre renegó.
Otra persona que sobrevivió a la maldición y murió en 1980 a los 78 años de edad fue Lady Evelyn Herbert, la hija de Lord Carnarvon. No solo estaba presente en la expedición sino que se dice que fue la primera persona en entrar en la tumba, ya que le cedieron el paso galantemente.

«Leyendas urbanas» en torno a la maldición de Tutankamón
Pero la leyenda de la «maldición de Tutankamón» no surgió de la nada, sino que se forjó en gran medida debido a la atención sensacionalista que algunos medios de comunicación dieron al descubrimiento de la tumba del faraón.
Según se iban sucediendo las muertes de quienes habían tenido contacto con la tumba, la prensa se iba enfocando cada vez más en los aspectos más dramáticos y supuestamente sobrenaturales en lugar de limitarse a divulgar los hechos científicos.
A la vez que los medios se hacían eco de las muertes en misteriosas circunstancias, iban embelleciendo los hechos con una serie de detalles macabros que hicieron alcanzar dimensiones épicas a la maldición de Tutankamón.
Misterios inexplicables
Uno de ellos fue el rumor que comenzó a correr sobre una tablilla aparecida en la tumba. Según se decía, en la tablilla había una inscripción en escritura jeroglífica que podría traducirse como “La muerte perseguirá a quien profane el descanso del faraón”. Esta tablilla nunca ha llegado a encontrarse y ninguno de los que estuvieron presentes en las primeras excavaciones reportó haberla visto.
Otra leyenda urbana que nunca pudo ser contrastada fue que todas las luces de la ciudad de El Cairo se apagaron inexplicablemente cuando murió Lord Carnarvon.
La muerte del canario de Howard Carter fue otro de los detalles macabros que alimentaron la leyenda de la maldición. El canario era el pájaro de la suerte de Carter, ya que según la superstición era de color dorado y atraería el oro. Poco antes de la apertura de la tumba, una cobra se introdujo en la jaula del animal y lo devoró.
Paradójicamente el mismo Carter, que siempre se mostró escéptico ante la maldición, fue quien contribuyó a forjar esta leyenda. Él mismo contó su estremecimiento cuando al mirar por primera vez al interior de la tumba a la luz de una vela, vio una representación del ureo, una figura de una cobra símbolo de la resurrección y emblema de la realeza que portaba la máscara de Tutankamón. Esto sucedió cuando, supuestamente, acababan de darle la noticia de la muerte de su canario, devorado por una cobra.
La contribución de Arthur Conan Doyle a la leyenda de la maldición
Arthur Conan Doyle también se sumó a la polémica de la maldición desarrollando en una serie de artículos su teoría de que la maldición estaba causada por seres elementales malignos. Estos seres se habrían liberado al romper los sellos de la tumba, causando muerte y destrucción a su paso.
Conan Doyle no solo era conocido por ser el creador de Sherlock Holmes, sino también por su interés en lo paranormal. Sus escritos sobre la maldición de Tutankamón contribuyeron a difundir la creencia en esta leyenda ya que se le tenía por un experto en temas exotéricos a nivel mundial.
Con todos estos ingredientes, las teorías sobrenaturales y la leyenda de la maldición del faraón se volvieron virales, como diríamos hoy en día.
Las noticias dieron la vuelta al mundo, provocando una egiptomanía a nivel mundial. Por ejemplo el periódico Daily Express informó de que en toda Gran Bretaña la gente había empezado a donar sus antigüedades egipcias a los museos por miedo a verse afectados por una maldición.

Hipótesis y explicaciones sobre las muertes
Mientras tanto, los investigadores comenzaron a buscar explicaciones científicas para las muertes, búsqueda que se ha prolongado hasta el día de hoy.
Teoría del moho Aspergillus flavus
Se han realizado ciertos estudios que relacionaban las infecciones y neumonías de algunos integrantes de la expedición con la exposición a un tipo de hongo que podría haber estado presente en la tumba. Se trata de un moho llamado Aspergillus flavus que puede crecer en una gran variedad de sustratos pero es conocido por colonizar ciertos productos alimenticios.
Howard Carter describió que al abrir la segunda cámara del enterramiento, se escapó una corriente de aire caliente del interior de la tumba que obviamente todos los allí presentes inhalaron. Algunos investigadores han especulado con la teoría de posibles alergias o infecciones por la inhalación de las esporas del Aspergillus, que son especialmente peligrosas en personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Otros investigadores han señalado que cuando algunas cepas del Aspergillus flavus colonizan ciertos alimentos producen una microtoxina llamada aflatoxina, que es altamente tóxica. Los productos alimentarios que los egipcios colocaron en la tumba para alimentar al faraón durante toda la eternidad estuvieron almacenados durante siglos en condiciones de humedad y temperatura que podrían haber sido adecuadas para la colonización de mohos.
Además, las frutas y verduras se descompusieron con el paso de los siglos. Todo esto habría favorecido la proliferación de esta potente microtoxina, que sería la causante de las enfermedades y muertes posteriores.
Sin embargo parte de la comunidad científica ha expresado su escepticismo ante la teoría de los hongos.
Quizás esta podría ser la explicación para la muerte de Lord Carnarvon, pero no para todas ellas, pues no todos se murieron por neumonía o problemas respiratorios. De los 25 occidentales presentes en la apertura de la tumba, solo Lord Carnarvon murió pocas semanas después. Esto sería porque el Lord ya contaba con problemas de salud previos.
Por otro lado, muchos expertos creen que la causa real de la muerte de Lord Carnarvon es simplemente la oficial, una septicemia en unos tiempos en que aún no se había descubierto la penicilina.
Teoría de los gases tóxicos
Otro argumento es que los gases tóxicos que podrían haberse liberados por la descomposición de los materiales orgánicos como maderas, resinas, aceites, telas y otros materiales que se utilizaron en el proceso de momificación o que se colocaron en la tumba como ofrendas.
Algunos de estos gases podrían ser compuestos como el ácido sulfhídrico, que es tóxico, o el amoníaco, que es irritante y también puede ser perjudicial en concentraciones elevadas.
Teoría de los materiales radiactivos
Otros estudios han sugerido que los materiales radiactivos, presentes en las pinturas o en los objetos dentro de la tumba, podrían haber sido una fuente de radiación perjudicial para la salud.
Ninguna de estas teorías ha convencido tampoco a la comunidad científica en general.

El estudio de Mark R. Nelson: simple casualidad
Otra gran parte de las investigaciones se ha centrado en observar la tasa de mortalidad general de la época para conjeturar que todas aquellas muertes no tenían nada de extraño en una época en que no se conocía la penicilina o las condiciones en Egipto no eran las mejores, entre otras cosas.
En 2002, el epidemiólogo Mark R. Nelson publicó un estudio histórico sobre la «maldición de la momia» en el British Medical Journal. La intención de este estudio fue determinar la tasa de supervivencia de quienes supuestamente estuvieron expuestos a la maldición en el periodo del descubrimiento e investigaciones en la tumba de Tutankamón. Basándose en los diarios de Howard Carter, Nelson compiló una lista con los 44 occidentales que estuvieron presentes en las excavaciones. De entre ellos identificó a los 25 que habrían estado «expuestos» a la maldición porque fueron los que entraron en la zona de la tumba que durante muchos siglos había permanecido intacta. A partir de aquí rastreó las fechas de las muertes de estas personas y realizó una estadística con todos los datos recogidos.
Los resultados mostraron que la edad media en el momento de la muerte de las 25 expuestas a la maldición fue de 70 años, frente a los 75 años de media de los 13 que pudo rastrear que no estuvieron directamente expuestos. La tasa de supervivencia tras la fecha de la exposición fue de 20,8 años en los 25 directamente expuestos, frente a 28,9 años para los no directamente expuestos. En el estudio también se recoge que el número de veces expuesto no pareció ser un factor determinante para una muerte más temprana, y que el sexo femenino fue la única variable que pareció influir en la esperanza de vida. La hija de Lord Carnarvon, la única mujer presente en las excavaciones, sobrevivió a todos los demás muriendo a los 78 años de edad.
Con todo esto Nelson concluyó que la exposición a la maldición no tuvo efectos significativos en la supervivencia.
Hoy en día la tumba KV62 en el Valle de los Reyes está abierta al público y puede visitarse. Tutankamón aún descansa en su última morada pero ya no lleva puesta su máscara funeraria, que se encuentra en el museo egipcio de El Cairo junto con gran parte de sus objetos funerarios. Cada año, miles de personas visitan la tumba del faraón. Fuese realidad o leyenda en su día, actualmente la maldición ya no parece estar activa.
Si te ha gustado esta historia, quizás te interesen también estos dos artículos: ¿Quizás Tutankamón tenga derecho a ofenderse? y sobre las reconstrucciones 3D que se han hecho del rostro de Tutankamón. Gracias por haberme acompañado en este nuevo encuentro. ¡Nos vemos en el próximo!
Fuentes:
Tutankhamun: Anatomy of an Excavation (The Griffith Institute)
The Mummy’s curse. Historical Cohort Study, Mark R. Nelson
Tutankamón, el faraón que renación 3.000 años después, Biblioteca Nacional de España