La maldición del último Templario | Jacques de Molay y la caída de la Orden del Temple

París, marzo de 1314. Frente a la majestuosa Catedral de Notre-Dame arde con furia una hoguera. En medio de las llamas se alza una figura desafiante: Jacques de Molay, el último Gran Maestre de los Templarios. La voz del Gran Maestre se alza clara y firme sobre el crepitar del fuego, lanzando una maldición cuyos ecos seguirán resonando a través de los siglos:

«¡Papa Clemente, Rey Felipe! Dentro de un año, os convoco a comparecer ante el tribunal de Dios para recibir vuestro justo castigo. ¡Malditos, malditos, todos malditos hasta la decimotercera generación de vuestras razas!«

En este momento algo más que un hombre se está consumiendo entre las llamas. Es el fin de una era. El crepúsculo de los Caballeros Templarios, la Orden que en su día se erigió como el pilar de la cristiandad medieval.

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Los caballeros Templarios: los orígenes de la Orden del Temple

La caída de la Orden del Temple y la maldición del último gran Maestre Templario es una mezcla fascinante de historia y mito que rodea a los legendarios Caballeros Templarios. Tiene sus raíces en las circunstancias oscuras que llevaron a la disolución de su orden.

El nombre completo de la orden de los Templarios es “La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón”, pero con ese nombre no es de extrañar que se la conozca como “Orden del Temple” para abreviar. Se trataba de una orden militar cristiana, fundada en el año 1119 para proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Tierra Santa, específicamente a Jerusalén.

A pesar de ser principalmente una orden militar, los Templarios también eran monjes y seguían su propia regla monástica, conocida como la Regla Templaria o Regla Latina, que reflejaba su naturaleza única de monjes guerreros. Estaban organizados según una jerarquía militar estricta, pero tenían que seguir los votos de pobreza, castidad y obediencia, aunque en la práctica la orden acumuló una gran riqueza.

Los caballeros de la Orden del Temple

Una orden religiosa, militar y financiera

Muchos caballeros Templarios eran guerreros que formaban parte de la élite militar, pero no todos participaban directamente en el combate. También había otros Templarios que se encargaban exclusivamente de la administración de las extensas propiedades de la orden, de las finanzas y de las operaciones logísticas.

Así la Orden del Temple se convirtió tanto en una fuerza militar como económica. Además de participar en Cruzadas y Batallas en Tierra Santa, llegaron a poseer una extensa red de propiedades en toda Europa e implementaron un sistema financiero que fue el precedente de los bancos modernos.

Por ejemplo desarrollaron un sistema para transferir dinero de forma segura a larga distancia. Los peregrinos que viajaban a Tierra Santa podían depositar su dinero en una preceptoría o encomienda de los Templarios en su país de origen. A cambio les daban un documento para retirar la suma equivalente en otra preceptoría del Temple en su lugar de destino, como si fuese un cheque de viaje. Este sistema estaba pensado para evitar el riesgo de robo durante la peregrinación y era un servicio muy avanzado para la época.

Muchos nobles y comerciantes que necesitaban guardar su dinero en un lugar seguro también podían depositarlo en la Orden, sabiendo que bajo la custodia de los Templarios estaría a salvo. La Orden tenía preceptorías, encomiendas y fortalezas en muchos países, lo que le permitía mover dinero y recursos entre fronteras con relativa facilidad. A veces también actuaba de intermediaria en transacciones de compraventa de tierras y otras propiedades y ofrecían préstamos a nobles, reyes e incluso papas, asegurándolos con derechos sobre tierras.

En la sociedad feudal estaba muy mal visto el tema de sacar beneficios económicos por préstamos de dinero. Por ejemplo había una línea muy fina entre el cobro de intereses y la usura, que se consideraba pecado. Por ello los Templarios cobraban un interés muy pequeño por los préstamos, o directamente no cobraban por todas estas transacciones económicas que realizaban, sino que recibían otros tipos de compensaciones como donaciones, privilegios, exenciones de impuestos u otros acuerdos que supusieran un beneficio económico para la orden.

Caballeros Templarios en la Edad Media

Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la orden

A principios del siglo XIV la Orden del Temple se había convertido en una de las organizaciones más ricas y poderosas de la Europa medieval en menos de dos siglos de existencia.

Y este éxito fue el principio del fin para los Templarios.

En aquella época lideraba la Orden Jacques de Molay, el último Gran Maestre de los Caballeros Templarios. Jacques de Molay fue elegido Gran Maestre en 1292, en un momento en que peligraba el propósito original de los Templarios de proteger Tierra Santa. Un año antes la Orden había perdido su último bastión y los territorios estaba bajo el control musulmán tras la última gran derrota cristiana.

Una de las grandes tareas del Gran Maestre fue buscar apoyo para organizar una nueva cruzada encaminada a recuperar Jerusalén y otros territorios sagrados de la cristiandad. Sin embargo, esta cruzada nunca llegó a llevarse a cabo.

Debido a su declive en Tierra Santa, la Orden del Temple llevaba ya tiempo centrada en gestionar sus actividades y sus propiedades en Europa. Este alejamiento del papel original como defensores de Tierra Santa había propiciado un cambio en la percepción de los Templarios Por un lado, la nobleza y el clero europeo veían con bastante escepticismo el éxito de una nueva cruzada. Además, las prioridades de la iglesia y los monarcas europeos ya no eran las mismas que en los tiempos de la fundación de la Orden.

Por otro lado, aunque los Templarios seguían siendo influyentes, se enfrentaban a muchas rivalidades y envidias a causa de sus riquezas y posesiones.

En medio de todo este panorama, la caída de la Orden del Temple se inició en 1307 con las acusaciones del rey Felipe IV de Francia.

Felipe IV había acumulado una enorme deuda con la Orden que no podía devolverle porque la corona Francesa estaba al borde de la bancarrota. El rey tenía un problema financiero general que ya le había hecho enfrentarse con la Iglesia Católica. Entre otras estrategias para conseguir fondos para la corona francesa, había intentado imponerle un tributo al clero francés, cosa a la que el Papa Bonifacio VIII se negó, lo que generó un enorme conflicto entre ambos.

Pero tras un breve reinado del Papa Benedicto XI, en el año 1305 ascendió al papado Clemente V, un Papa francés que parecía más dispuesto a negociar que anteriormente Bonifacio VIII, un italiano con mucho más carácter. Felipe IV de Francia vio aquí la ocasión que había estado esperando para librarse de la deuda con la Orden del Temple y más aún, confiscarle sus posesiones en Francia para sanear su economía.

La Inquisición y la persecución de los Templarios

La conspiración de Felipe IV de Francia y el papa Clemente V

El 13 de octubre de 1307, Felipe IV ordenó un arresto masivo de los Templarios que estaban en territorio francés, acusándolos de toda una serie de crímenes como herejía, sodomía e idolatría, los peores pecados en tiempos de la Inquisición.

Según los pliegos de cargos, en las ceremonias de iniciación los Templarios presuntamente tenían que negar a Cristo tres veces y escupir a la Santa Cruz. Además también formarían parte de estos rituales secretos las prácticas homosexuales y todo tipo de depravaciones. También se les acusó de adorar ídolos, en particular a una figura diabólica conocida como Baphomet.

Los Templarios franceses, entre los que se encontraba su Gran Maestre Jacques de Molay, fueron capturados por sorpresa, encarcelados y torturados para sonsacarles la confesión de sus delitos.

Jacques de Molay, último Gran Maestre Templario, condenado a la hoguera

Mientras tanto, cuando Clemente V se enteró de las detenciones y juicios a los Templarios en Francia intervino ante la irregularidad del proceso.  En primer lugar, las detenciones de una orden religiosa no podían llevarse a cabo sin la autorización previa del Papa. Y en segundo, el juicio le correspondía a las autoridades eclesiásticas y no a las seculares.

En noviembre de 1307 Clemente V emitió una bula llamada “Pastoralis praeeminentiae” que envió a todos los monarcas europeos. En ella ordenaba apresar a todos los Templarios en sus territorios y confiscar todos sus bienes para dejarlos a cargo de la Iglesia. Presuntamente esta bula fue un intento del Pontífice para garantizar que a los Templarios los juzgase un tribunal religioso, pero tuvo el efecto de extender a todos los demás territorios la persecución de la Orden que ya se había iniciado en Francia.

Para cumplir con las órdenes del Papa, se procedió a arrestar y juzgar a los Templarios de toda Europa, con resultados muy diversos. En algunos territorios también fueron declarados culpables, mientras que en otros se les absolvió de las acusaciones más graves. Muchos de los que fueron absueltos y otros que lograron huir se reincorporaron a la vida civil o a otras órdenes religiosas.

La reacción más extrema fue en Francia, aunque tampoco se les condenó a todos en la hoguera, solo figuras particularmente destacadas, como a su Gran Maestre Jacques de Molay.

Durante el tiempo que duró el proceso judicial a los Templarios, el rey de Francia continuó presionando al papa Clemente V, que nunca se había mostrado demasiado convencido de las acusaciones.

Finalmente el Papa cedió a las presiones del monarca francés. En 1312 emitió otras dos bulas en el llamado Concilio de Vienne. La primera, conocida como “vox in excelso”, disolvía oficialmente la Orden del Temple. La segunda, llamada “Ad providam”, ordenaba que las propiedades de los Templarios se transfirieran a otra orden religiosa, la Orden de San Juan, también conocida como orden de los Hospitalarios. Esta última ante el gran disgusto del Rey Felipe IV, que pretendía que la corona de Francia se quedase con los bienes de los Templarios franceses.

Rey Felipe IV de Francia conspirando contra los Templarios

La dolorosa disolución de la Orden del Temple

En todo este tiempo entre 1307 y 1312, Jacques de Molay y otros hermanos Templarios permanecieron encarcelados y torturados para forzarles a confesar. Debido a estas condiciones, muchos murieron durante este periodo. Otros confesaron su culpabilidad inducidos por las torturas. Algunos, como de Molay, se retractaron más tarde de sus confesiones por haber sido obtenidas mediante tortura.

En el momento de la disolución de la orden en 1312 aún no se había decidido el destino individual de Molay ni de otros de sus compañeros Templarios. Pero el hecho de que algunos se retractasen de su confesión inicial y otros no fue determinante para dictar su sentencia.

En los juicios de la Inquisición, los herejes que se habían confesado culpables aunque fuese bajo tortura pero mostraban arrepentimiento podían evitar la pena de muerte, ya que se había arrepentido y aún había esperanzas de salvar su alma. Sin embargo, los que habían confesado y luego se retractaban se consideraban “relapsos” o lo que es lo mismo, reincidentes en su pecado de herejía.

El hecho de que Jacques de Molay y Geoffroi de Charney, otro líder de la Orden, se hubiesen retractado de sus confesiones contribuyó a que les condenasen a morir en la hoguera.

A finales de 1313 el Papa nombró una nueva comisión de tres cardenales para juzgar a Jacques de Molay y otros tres maestres de la orden. Dos de ellos se consideraron culpables y arrepentidos, por lo que se les condenó a cadena perpetua pero no a muerte.

Y otros dos, que eran Jacques de Molay y Geoffrey de Charnay, el Maestre de Normandía, se retractaron. Incluso ante la perspectiva de una muerte horrible, el último Gran Maestre y el Maestre de Normandía se mantuvieron firmes en su posición defendiendo su inocencia y la de toda la Orden.

Ante su resistencia a aceptar las acusaciones los dos fueron ejecutados en la hoguera en marzo 1314 ante la catedral de Notre-Dame en París.

En este momento es cuando tiene lugar la maldición del Gran Maestre del Temple, que parece ser más una leyenda que lo que sucedió realmente.

La maldición de Jacques de Molay, el último Maestre Templario

La maldición de Jacques de Molay

Mientras empezaban a consumirle las llamas, se escuchó gritar al Gran Maestre: «¡Papa Clemente, Rey Felipe! Dentro de un año, os convoco a comparecer ante el tribunal de Dios para recibir vuestro justo castigo. ¡Malditos, ¡Malditos, Malditos! ¡Malditos hasta la decimotercera generación de vuestras razas!«

El Papa Clemente V falleció solo un mes después, a los 50 años de edad, torturado por una afección intestinal. Se cuenta que mientras se estaba velando su cuerpo, hubo una terrible tormenta y un rayo originó un pequeño incendio en la habitación que se le velaba, chamuscando parcialmente el cuerpo del pontífice.

Felipe IV murió en noviembre de ese mismo año, a los 46 años de edad, en circunstancias poco claras. Algunos atribuyen su muerte a un accidente de caza que había tenido pocas semanas antes. Otros creen que se debió a unas fiebres tifoideas. Se dice que murió presa de terribles dolores abdominales, vómitos y diarreas.

¿Casualidad? ¿Destino? Lo cierto es que nunca lo sabremos.

La disolución de la Orden en 1312 y la muerte de Jacques de Molay en 1314 no solo marcan el fin de los Templarios sino el fin de una era en el periodo medieval y el comienzo de la transición hacia el Renacimiento.

Los Templarios también han dejado una huella profunda en la cultura popular. En otra ocasión hablaremos de las teorías sobre el legendario Tesoro de los Templarios. Gracias por haberme acompañado en el encuentro de hoy, y nos vemos en el próximo. ¡Hasta entonces!